domingo, 19 de febrero de 2012

Capitulo 1: Versículo 2.

Úrsula, Úrsula…es que aun pronuncio su nombre y no se si me da mas enojo que alegría, creo que alegría, y no entienden porque, pero eso es otra historia a contar. Ella era para mí, un poco insignificante, claramente para Dante, lo era todo. Pero yo, yo la encontraba, común, del montón como diría mi hermana. Es cierto que su estatura encajaba perfectamente con la de Dante, y que complementaban el uno con el otro, lo poquito bonito que tenían, haciendo que parecieran perfectos cuando estaban juntos. Recuerdo que me re-jodia que el hecho que el no pudiera borrar sus fotos juntos, o peor aun me las enseñara como si a mi me interesara verlas, tan imbécil. Siempre fue así, pero mucho hablar de él, el punto es describir a Úrsula, o como yo le llamaba, la víbora con patas.
Era bonita, no puedo decir que no, aunque quisiera debo ser honesta. Pero no más bonita que yo, modestia aparte. Parecía ser inocente, igual de pendeja que el, uno para el otro, como él pensaba. Siempre supe sus intenciones, las advertí pero todos me dieron por loca, cosa de la cual ya estoy acostumbrada. Dante olvido el pequeño detalle, que yo, hasta donde se, tengo vagina e implica que soy mujer, y conozco las tácticas y trucos que sacamos de la manga cada vez que vemos a nuestro ex progresar aunque sea el mínimo. Nos gusta dejar saber que aunque no estemos, sigue siendo de nosotras. Es injusto lo se, pero aun así lo hacemos. “En guerra avisada no muere gente”, pensaba yo acá como los locos siempre, pero nunca lo tarareé en voz alta, no quería hacer ver que en realidad si me importaba lo que estaba pasando. Actué normal y sigilosa. Todavía tenia sexo con el obvio, no iba dejar el placer a un lado, porque mi corazón andaba sintiendo. Quería verlo como algo mas sexual que sentimental en todo caso, como dije eso de babosadas no iba conmigo.
Me pregunto aun si ella tiene idea, la innumerable cantidad de veces que le hice el amor a Dante mientras ella pensaba que tenía la guerra ganada, era una satisfacción personal en mi rostro cada vez que lo tenia frente a mi pidiéndome mas, se sentía bien. Apuesto que ella no se sentía igual, jamás hablamos de eso, pero era un instinto, además del hecho que soy increíblemente tremenda hembra en la cama. Como siempre la vi tan normal, así mismo la imaginaba en la cama, tirada en cueros sin hacer nada, gimiendo un poco para fingir y esperar que el terminara. Yo en cambio, era un poco mas “sata”, me gustaba hacerle cosas que aunque el no disfrutaba conmigo no había opción, y me gustaba seguir el ritmo de su cuerpo dentro del mio. Me desvío del tema, y es porque como dije, ella es insignificante, no tengo mucho que hablar de su persona. Como iba diciendo, aun recuerdo la primera vez que tuvimos sexo. Como si hubiese sido ayer, recuerdo que hasta unos versos le escribí.

“Se deleita en mi cabeza, una idea siniestra de acercarme a su boca y arrancarle un beso. Entre sonrisas, nervios y unos tragos de más, me acerco a la cavidad oral para una acrobacia. Tenía deseos, ganas, ansias. Un desliz de esos que quitan la ropa...y tome el riesgo. El órgano móvil situado en el interior de la boca respondió mi lanzamiento, como quien dice, ya estaba adentro. Estrujones que con la mano no puedo contar, todo estaba pasando rápido, pero mi mente todo lento iba procesando, retratos mentales estaba tomando. Un rato de placer, unas cuantas palabras y al placer volver. Viendo el almacenamiento de imágenes como las que estaban sucediendo por un medio electrónico, aumentaron las ganas, o al menos, eso creo. Fueron horas, tal vez minutos, quizás, no se...pero no hubo un final, no hubo un broche de oro. Cansados, los dos con el pelo rizado, comenzamos a charlar...Me levanto, sola, sin el, ni mis accesorios favoritos puestos...sin un adiós en mi cabeza grabado, comencé a dudar. Minutos después, recordé su presencia sobre mi, dándome los besos mas tiernos de despedida, no se si hasta luego, o para toda la vida.”

Hay que ser ridícula y media para escribirle algo así y después a un hombre, eso de que el amor nos vuelve idiotas, no podía ser mas cierto en ese momento de mi vida. Dante me había hechizado, con su pene siempre pensé, pero no, era algo más, como un acto que tenia creado para cobrar todos los corazones que he roto por la indecisión entre el nuevo, o mi ex de tantos años. Esta vez, me toco a mi, estar entre la indecisión, de la “carne fresca” o la gallina vieja. Nunca me molesto tanto fíjate, hasta que empecé a salir con otros muchachos y Dante me reclamaba. Descarado y medio el maldito, jamás me importo, recuerdo haber besado a un infeliz llamado Enrique frente a su cara, lengua con lengua y segura que observara todo. Sabia que le afectaba y le daban celos, y aunque se remordiera por dentro, no tenia ningún derecho sobre mi, nunca lo tuvo mi ex novio, lo iba a tener el.
Mi ex jamás fue, digamos, persistente o dominante. Corría mas por mi juego, que por sus propias decisiones, era un poco adorable y divertido manejarlo como monigote de feria. Todavía recuerdo como nos conocimos, como empezamos, como le rompí el corazón y también me quede con su virginidad…Ay Bobby. Así se llama el individuo que pensé había robado mi corazón, debo ser franca y admitir, que aun después de tantos años sigo confundida, si en verdad lo ame tanto como jure hacerlo, o sin solo estaba cegada porque era mi primera relación seria. Bobby era todo un encanto para mi, todos los odiaban y detestaban su repugnante actitud, pero yo, en cambio confieso que eso fue lo que me gano de su persona, el hecho de que odiaba y se vomitaba en la existencia de los demás tanto como yo, fue amor a primer “odio” por ponerlo así. Desde un principio fue una atracción sin fin, el me gustaba, yo le gustaba, el tenia novia, yo tenia novio, estaba lejos, o yo estaba lejos, en realidad era la misma distancia, pero para un par de niños, las cosas así no iban a funcionar. Aun me pregunto si nunca se rindió conmigo por el hecho que estaba “gravemente enferma” como mi papa decidió bautizarme, o si porque mi actitud me saco de la multitud de mujeres que diariamente pulía su órgano sexual, detrás de algo que el solamente me brindaba a mi…amor. Bobby y yo, éramos dos aventureros del amor, así que decidí recoger mis cosas e irme con el. Menor de edad, sin trabajo, sin estudios, pero al fin, loca y enamorada, literalmente. Tuve que dejar muchas cosas ir por esa relación, así fuera una criatura, mis hermanos, mi aceptación en la más “prestigiosa” universidad donde mis papas siempre quisieron verme estudiar. Pero no me importaba, porque Bobby iba a llenar todas mis expectativas del amor, e íbamos a ser eternamente felices, hasta que decidió ponerme una corona de cuernos, la cual para mi pensar, no me quedaba muy bonita. Cuando esto paso, podía sentir mi corazón crujir en mil pedazos pequeñísimos, los cuales he guardado en una caja desde el momento que se lo arranque de las manos.

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